La Feria del Cóndor

January 07, 2014  •  2 comentarios

Debo ser sincero, no soy un buen madrugador, pero aquella mañana tenía el pretexto ideal para serlo. Semanas atrás había sido invitado a la feria colono-shuar, que cada semana y desde hace algunos años se realiza en el barrio Héroes del Cóndor, en el alto Nangaritza. Desde Guayzimi (cabecera cantonal de Nangaritza - Zamora Chinchipe) la vía trascurre sinuosa y angosta, dando paso a escenas dignas de ilustrar el mejor libro de cuentos de montaña. Los Tepuyes, montañas de paredes casi verticales y cimas planas, conocidas por los shuar como mura nunka (montañas altas donde nacen las aguas) constituyen junto al río Nangaritza y el imponente bosque lluvioso los principales elementos del paisaje. Yamalas y capibaras son aún comunes por estas tierras; y a horas crepusculares, cuando el Nangaritza revela sus verdaderos colores, no son raros los encuentros con guanchacas cruzando el camino a toda prisa.

Llegué antes del amanecer como me habían recomendado. Junto al río se erguía una enorme ruma de tablones de yamila que me sirvió de atalaya. Aguas arriba, desde la confluencia del Nangaritza y Numpatakaim, los pequeños peque-peque (embarcaciones llamadas así por el sonido de sus motores) navegaban atravesando la densa niebla hasta el improvisado puerto en Héroes del Cóndor, cargados hasta el tope de plátano, yuca, naranjilla, papachina y otros manjares traídos desde las lejanas comunidades shuar asentadas varias horas río arriba. Esta suerte de procesión fluvial se iluminaba con los primeros rayos de la mañana, cambiando en minutos los colores del paisaje hacia un dorado propio de los amaneceres más memorables.

Tras un montón de sacos de naranjilla que ya la gente movía hacia un camión con rumbo a Loja, asomó Cristóbal Kukush, amigo del centro shuar Shaim y quien me contaba lo que ahí sucedía:

“Esas naranjillas se compran aquí y se venden en Loja, Cuenca e incluso Guayaquil, donde pagan mejor. Lo mismo ocurre con las papayas y plátanos que se van directito a los mercados de Yanzatza, Loja y Zamora.  Tenga, Juanito, sírvase esta wapai y dígame si no es de lo más dulce que ha probado”. Cristóbal tenía todita la razón.  Aquella papaya era una bomba azucarada y su amable gesto eliminó al desayuno de la lista de pendientes de aquel día.

“Esta feria es como andar de fiesta cada semana”, bromea Cristóbal con una amplia sonrisa, al tiempo que me extiende un pilche con Nijiámanch (chicha), bebida shuar a base de yuca infaltable en las reuniones comunitarias, y que, junto al caldo de corroncho, los ayampacos y el seco de gallina criolla forman parte de la oferta de comidas preparadas con sazón shuar y mestiza de cada martes.

Pese a ser pequeña, la feria de Héroes del Cóndor es bien surtida. Corronchos fresquitos del Nangaritza se venden apenas van llegando de las redes apostadas aguas abajo. Ropa nueva hecha en Yanzatza, y otra usada (de a dólar, venida de los mercados de pulgas de Loja) son bienvenidas por las limitadas economías locales, en un lugar donde a diferencia de la ciudad no importa la marca tanto como su utilidad. Por doquier se ven gallinas criollas asomando la cabeza en atesorados saquillos, junto a una variopinta diversidad de envases plásticos, utensilios de cocina, electrodomésticos a cuotas, herramientas para agricultura, verduras y hortalizas. Este sinfín de productos ha facilitado con creces la vida de las comunidades shuar, quienes a criterio de Cristóbal se veían obligadas a viajar a Guayzimi o Zamora por las mínimas necesidades.

Los orígenes de la feria se remontan al año 2011. Previamente existieron dos ferias paralelas, una esencialmente shuar en la desembocadura de la quebrada Shamatak; y otra, de colonos, en San Miguel de las Orquídeas. Con la apertura de la vía Guayzimi - Nuevo Paraíso, Héroes del Cóndor se convirtió en la nueva y definitiva sede, unificando a las dos ferias anteriores y convirtiéndose además en un espacio vital para el reencuentro de familias separadas por horas de travesía río arriba; y cuyo único medio de transporte son los pequeños peque-peque, que aunque maniobrables y económicos en combustible, son también inestables y frágiles ante las constantes crecidas de los imponentes ríos que dominan este territorio limítrofe con Perú.

Para Jacinto Uwijint, vicepresidente de la asociación shuar Tayunts que congrega a siete de los diez centros shuar del alto Nangaritza, la poca participación inicial en la feria ya no es más tema de preocupación. Lo es ahora la ausencia de un acuerdo claro sobre la estabilidad de los precios entre varios productores y compradores; lo que ha ocasionado que en más de una ocasión la venta de productos al mayoreo se adelante un día, con claras consecuencias para el resto de productores. Por ello, la dulce papaya que me desayuné en la mañana reduce ostensiblemente su precio según se adelante la feria y conforme el sol alcanza su cenit: de un dólar al amanecer a poco menos de cincuenta centavos pasadas las diez de la mañana. Por ello, no son pocos los productores que ante la posibilidad de regresar a casa con los productos sin vender y los bolsillos vacíos, optan por la mejor oferta, que en muchos casos no justifica el duro trabajo propio de la agricultura.

Igual situación se da con la naranjilla – añade Segundo Vélez – lojano de nacimiento y “nangaritcenze por antigüedad” – bromea, quien migró en 1987 desde su natal Amaluza a la entonces impenetrable selva de Nangaritza en busca de mejores tierras. Segundo dice conocer los secretos de la naranjilla mejor que nadie, cultivo al que su familia dedica varias horas a la semana y que junto a su trabajo como guardaparque de la Reserva Maycú de la organización Naturaleza y Cultura Internacional constituye su fuente primaria de ingresos para mantener a sus tres hijos y cinco nietos. Afirma que cada miércoles se comercializan en Héroes del Cóndor no menos de cien sacos de naranjilla. “A treinta o cuarenta dólares el saco, imagínese Usted la cantidad de plata que mueve este cultivo cada semana”- comenta. Los mejores precios, sin embargo, se obtienen en Loja o Guayaquil, donde cada saco se vende entre diez a veinte dólares más. “Pero así mismo es” – dice, mientras hace un ademán de resignación con los hombros y se empina un bocado de chicha.

Al borde de la diez de la mañana la conversación con Cristóbal y Segundo es ya tema de interés de varios comuneros. Sentados sobre hileras de tablones recién sacados de la selva, en una región donde la deforestación alcanza el 3% anual, la tertulia cambia en el aire desde los secretos para lograr la mejor naranjilla (cultivo con gran demanda de productos agroquímicos y efectos adversos en el ambiente), las actuales mejoras de la vía Guayzimi – Zurmi; y las posibles medidas para obtener mayores ingresos económicos en los pequeños productores. Entre otros temas tratados, algo es seguro, a todos les inquieta la minería a gran escala y la posibilidad de que Nangaritza se convierta en otro Conguime (asentamiento minero en el vecino cantón Paquisha). Confían, eso sí, en su capacidad de organización, que les valió años atrás para  solucionar antiguos conflictos territoriales con los colonos. Esa misma capacidad ha motivado que, bajo decisión comunitaria, Tayunts ingrese al Programa Socio Bosque del Ministerio del Ambiente para la conservación de veinte mil hectáreas de la reserva de caza y pesca Chai Nunka. “Serán más de setenta mil dólares al año los que recibiremos por la conservación de nuestra reserva”,  me cuenta Francisco Kukush, presidente de Tayunts. “Nuestra meta, en un futuro no muy lejano, será invertir este dinero y comprar un camión para trasladar los productos hasta las ciudades y evitar la dependencia de los intermediarios. Por ahora, vamos poco a poco, las comunidades tienen necesidades más urgentes.”

Y así transcurre la mañana, con los Tepuyes como telón de fondo para una oferta y demanda propia de los mercados de nuestra tierra, salvo que aquí, a pocos kilómetros de la frontera los diálogos entre vendedores y compradores son en “shuarpañol”. Mientras los hermanos Kukush imaginan la compra del camionsito comunitario y Segundo Vélez ultima detalles de la venta de su cosecha de naranjilla, que seguramente saciará las sedes en el Guayas; yo me subo presuroso a la misma ruma de hace horas, para ver los peque – peque remontar el idílico Nangaritza y alejarse igual como vinieron, más livianos, eso sí, hacia las felices espesuras de esta esquina verde en el suroriente ecuatoriano. *

Observe más fotografías de Nangaritza AQUÍ

Crónica publicada en Diario La Hora, edición para Zamora Chinchipe, el 17-01-2014.

Barrio Héroes del Cóndor. Alto Nangaritza. Botes peque-peque. Al fondo se distingue el destacamento militar ecuatoriano en el punto de unión de los ríos Nangaritza y Numpatakaim. El uso de redes es la manera más efectiva para la captura de peces. Tambien lo es el uso de venenos naturales como el barbasco. Sin embargo, este último, de amplio efecto, actúa eliminando peces de varias edades con adversos efectos sobre sus poblaciones. Peces nativos capturados en los ríos Nangaritza y Numpatakaim forman parte de la dieta shuar. Improvisados puestos de comida ofrecen platos típicos shuar como el caldo de corroncho y los ayampacos. La chicha shuar es infaltable es la reuniones comunitarias. Cada pilche se vende a cincuenta centavos. Ropa usada a precios muy cómodos forma parte de la oferta de productos semanales de la feria. Una familia shuar espera la partida de los peque-peque para su regreso a Shakai, Yayu, Yawi y otras comunidades del Alto Nangaritza.

Por su utilidad, los contenedores plásticos son apetecidos por las comunidades shuar y colonos.


Comentarios

2.BirdiBlue Photography
Hola Gilberto, un gusto verlo por aquí. Gracias por la observación. Error corregido.
1.Gilberto Rodriguez Moreno(no registrado)
Excelente relato, me hizo recordar el recorrido que hicimos hace tiempo, muy elocuentes las fotografías. ¡¡¡¡sigue deleintandonos con estas imagenes y comentarios!!!! Gracias.

p.d. el corrector ortográfico te jugó chueco en la parte ....Nijiámanch (chica), en los parentesis debe decir chicha; ¿cierto?
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