"La gracia de tu rama verdecida"

January 26, 2013  •  1 comentario

 


Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento...

Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.

Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde...

-Antonio Machado-


!Oh Selva!

January 24, 2013  •  Dejar un comentario

“ Oh selva, esposa del silencio, madre de la soledad y de la neblina! ¿Qué hado maligno me dejó prisionero en tu cárcel verde? Los pabellones de tus ramajes, como inmensa bóveda, siempre están sobre mi cabeza, entre mi aspiración y el cielo claro, que sólo entreveo cuando tus copas estremecidas mueven su oleaje, a la hora de tus crepúsculos angustiosos. ¿Dónde estará la estrella querida que de tarde pasea las lomas? ¿Aquellos celajes de oro y múrice con que se viste el ángel de los ponientes, por qué no tiemblan en tu dombo? ¡Cuántas veces suspiró mi alma adivinando al través de tus laberintos el reflejo del astro que empurpura las lejanías, hacia el lado de mi país, donde hay llanuras inolvidables y cumbres de corona blanca, desde cuyos picachos me vi a la altura de las cordilleras! ¿Sobre qué sitio erguirá la luna su apacible faro de plata? ¡Tú me robaste el ensueño del horizonte y sólo tienes para mis ojos la monotonía de tu cenit, por donde pasa el plácido albor, que jamás alumbra las hojarascas de tus senos húmedos! ”

Tomado de “La Vorágine” de José Eustacio Rivera.

Fotografïa: Río Nangaritza, Zamora Chinchipe. 


"La Belleza y la Muerte"

January 22, 2013  •  Dejar un comentario

 

 

“La belleza y la muerte son dos cosas profundas, 
con tal parte de sombra y de azul que diríanse 
dos hermanas terribles a la par que fecundas, 
con el mismo secreto, con idéntico enigma.

Oh, mujeres, oh voces, oh miradas, cabellos, 
trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened 
luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla a sus aguas, 
aves hechas de luz en los bosques sombríos.

Más cercanos, Judith, están nuestros destinos 
de lo que se supone al ver nuestros dos rostros; 
el abismo divino aparece en tus ojos,

y yo siento la sima estrellada en el alma; 
mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca, 
tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.”

-Víctor Hugo-


Oscuridad

January 06, 2013  •  Dejar un comentario

" Las religiones, como las luciérnagas, necesitan de oscuridad para brillar." - Arthur Schopenhauer

 


Dos horas sin moverme.

December 10, 2012  •  Dejar un comentario

 

Los instantes que olvido son momentos que no existen en mi mente diurna, sino en el vagabundo de los sueños de terciopelo. Cuando caen las ventanas de carne una luz azul saca la cabeza tras la puerta, y sonrie; abriendo un espacio entre mi almohada y la cocina, donde tres ratones juegan dominó con galletas de azucar a la luz de una farola. Sentado sobre el lomo de una libélula viajo sin mover mis huesos, sin solicitar aire, sin verte agitar un pañuelo blanco. 

10.12.12


Pesadilla

November 10, 2012  •  Dejar un comentario

 

Anoche caí dormido como un tronco. Afuera, llovía incesantemente, y mientras las gotas revivían las flores que planté hace ya siete meses, mis ojos se cerraban lenta e indolorosamente, sin fin, sin más que un último parpadear. Sin poder pedir ayuda me envolví en mi pelo, y me quedé dormido para siempre. Emprendí un viaje hasta el borde del mundo, desde el rincón de mi memoria hasta las ruinas de un castillo de naipes. Casi sin darme cuenta, atisbé a dar un paso en falso y encontré una mina de oro envuelta en papel de regalo. ¿Lo puedes imaginar? 

Era un gigante que caminaba en los anillos de Saturno. Apenas podía ver mas allá de sus no se cuantas lunas, y a mi lado, estabas Tú, completamente despierta, mirando casi con disimulo las aureolas boreales que no debían estar ahí, pero ahí estaban, apareciendo y desapareciendo al mismo ritmo que mis latidos.  Al fondo del  espacio, se veía una cara de niño formada por millones de estrellas que también reían como Yo. Sin pensarlo dos veces te tome de la mano y te lleve hasta ahí. Al llegar, nos dimos cuenta que estábamos en el mismo inicio y fin del mundo, caminando desnudos en el borde de mi cama. Fue ahí, cuando aparecieron ellos, mis ángeles. ¿Sabias que los tengo? Son dos, varón y mujer. Los hijos que nunca tuve están esperando el momento del juicio que ha de llegar a mi vida.

El reloj cósmico dejo de funcionar, las luces se apagaron, y se escuchó una voz que dijo “el show debe continuar”. Habían pasado dos años desde entonces, y ahí seguíamos, sin envejecer, sin solicitar siquiera aire, sin nada más que un abrazo en el borde, al borde, por el borde. Quise decir te quiero, y no pude. Mi boca, torpe como nunca antes, enmudeció cuando Gandhi apareció vestido de cuero. ¿Era una visión verdad? ¡Que fumaste!, dijiste, cuando reía como loco por mi irracional visión.

El borde empezó a agrietarse, los cuerpos caían por montones, estaban corrompidos, se podrían al menor contacto. Las voces se acercaban, eran miles de caballos negros de blancos jinetes. Y cuando llegaron, las puertas se abrieron de un solo golpe. Eras Tú quien nuevamente entraba a mi habitación. Sin vacilar, te desnudaste en mis narices y me abrigaste con tu codiciosa zalamería. ¡No verdad!, eso no fue lo que pasó. Me abrazaste y quitaste el frió polar que había inmovilizado mis articulaciones. Me levantaste y caminamos por el borde.

Las visiones siguieron a un toque de violín, ¡la gente grita!, dije, ¡apaga la luz, me duele!. Se acercan! Quiero ir a casa por favor! ¡Sácame de aquí!, suplique en un mar de lagrimas, apága la luz por favor, !te lo suplico!

Silbó el tren a lo lejos, los pasos se oyen cada vez más cerca, y la misma voz, detrás de la manta, me persigue hasta el mismo borde. 

Tres payasos salieron desde una esquirla que dejo la bala del soldado muerto a besos. Como una orquesta inmensa, las paredes se cerraban, parecían bocanadas de miel. En medio de la sal que despedía la voz detrás de la manta, mire por el entretejido, y lo comprendí todo. Era yo en otra vida!

Es Él, !atrápenlo! se escuchó en todo el espacio y el baile empezó de nuevo.

¡Apaga la maldita luz! - grite con todas mis fuerzas- !apaga la maldita luz por favor!

!Silencio! 

¿Quién golpea con su eco las puertas de mi absurda morada? 

Era Él, nuevamente, la misma voz de mi pasado, era aún más grande de lo que imaginé, era pletórico, repudiable, quisquilloso como un niño malcriado. De en medio del cielo se oyó un trueno que enmudeció a la sala, todos lloraban, todo calló. Al amanecer, todos se habían marchado. Mi corazón se había partido en dos por la estrepitosa fuga, y dos niños cantaban villancicos en septiembre. Desde ese entonces todo fue quietud y paz, no mas pesadillas, no volveré a comer pasada la media noche.

13 de julio de 1993